Idilio sin fin.

Apenas despertó la cegó un rayo de sol resplandeciente y brillante...Se colaba por la ventana entre sus cortinas color ámbar, coloreando el cuarto con esa atmósfera suave y cálida. 
Lo primero que sintió fueron sus manos acariciando su cuerpo.
Tibias. 
Únicas.
 Suaves.
 Suyas...
No son muchas las mañanas en las que pueden despertar así. 
El no está casi nunca.
Ella lo espera siempre. 
Como un idilio sin fin entre los dos.
Un esperado reencuentro, y momentos que esperan sean eternos, pero terminan siendo tan fugaces como un tibio rayo de sol en el invierno.

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